Las Cajas de Ahorros

Las Cajas de Ahorro son instituciones financieras sin ánimo de lucro. Operan como un banco, pero a diferencia de estos su finalidad es social, no la obtención de beneficios. Sus antecedentes históricos inmediatos son los Montes de Piedad, presentes en España desde el Siglo XVII. Los Montes de Piedad eran entidades benéficas de inspiración religiosa donde los pobres podían obtener sumas en metálico empeñando sus pertenencias. A partir del Siglo XIX las Cajas de Ahorros toman el relevo de los Montes de Piedad y empiezan a custodiar los ahorros de sus depositantes y a usar el dinero para conceder préstamos. Facilitaban así crédito y servicios financieros en zonas donde antes no estaban disponibles, impulsando el desarrollo del territorio en el que se asentaban (ya no hacía falta ir a la capital a pedir prestado dinero). La vinculación de las cajas con el territorio ha sido muy fuerte históricamente, por eso se entiende que en su administración participasen los actores relevantes de la región (órdenes religiosas, asociaciones filantrópicas, el poder civil y más recientemente los sindicatos). Las Cajas no tienen acciones, como los bancos, y tampoco tienen dueños: están gobernadas por una representación de las fuerzas vivas de su región.

Ya dijimos que tampoco tienen ánimo de lucro. Los beneficios de la Caja deben revertir en la comunidad que habita, por eso la parte que no vaya a reservas debe dedicarse a financiar la obra social. La obra social de las cajas incluye becas, recuperación del patrimonio, apoyo a colectivos desfavorecidos, y patrocinio de eventos o instituciones culturales.

Las Cajas llegaron a representar el 50% del sistema financiero español, tanto en términos de depósitos como de créditos, pero la crisis llevó al sector a una profunda reestructuración que supuso la desaparición de la mayoría de las cajas. Los políticos, y singularmente los dos grandes partidos, tuvieron mucho que ver con el desastre.

La presencia de los poderes públicos en el gobierno de las Cajas de Ahorros había sido abrumadora durante el franquismo, llegando hasta el 70%. Esta presencia se vio reducida tras la aprobación de la Ley 31/1985 llamada de “Regulación de las Normas Básicas sobre Órganos Rectores de las Cajas de Ahorro” (LORCA). La LORCA limitaba la presencia de las entidades públicas, que no podrían superar el 50% de los derechos de voto. Algo en principio positivo.

Desgraciadamente la LORCA no evitó la toma de las Cajas de Ahorros por los partidos. Apoyados en la presencia municipal y autonómica en las asambleas de las Cajas, los partidos podían negociar con los sindicatos, que controlan el porcentaje correspondiente a los trabajadores (entre el 5% y el 15%), y podían también infiltrar las candidaturas de los impositores, o contar con las simpatías de otras instituciones presentes en las asambleas de las cajas, como las órdenes religiosas (de orientación conservadora) que fundaron algunas de ellas. Para entender cómo los políticos se hicieron con el control de las cajas nada más ilustrativo que analizar el caso valenciano.

A partir de ahí la historia es bien conocida. El trío alcalde-constructor-caja como epicentro de la burbuja inmobiliaria y la corrupción del ladrillo. Inversiones ruinosas en los descabellados proyectos del político de turno. Políticos municipales y autonómicos peleándose por el control de las cajas sin el menor pudor. Asambleas y Comisiones de Control llenas de gente sin experiencia que celebraba reuniones en exóticos destinos turísticos. Favores a amigos, familiares y empresarios afines. Blesa cazando en Namibia.
Y al final el estallido inevitable. Preocupación en los medios extranjeros. Intervención estatal, fusiones y bancarización. Salida de los antiguos gestores con sueldos e indemnizaciones millonarias. Rescate millonario pagado por los contribuyentes. Decenas de miles de afectados por las preferentes. Los correos de Blesa.

Después de más de 200 años prestando servicios financieros allí donde no llegaba nadie más, de favorecer las inversiones necesarias en su territorio de actuación y de realizar una importante labor benéfico-social. Después de haber sobrevivido a monarquías absolutas, revoluciones, dictaduras y guerras. A pesar de contar con unos cuerpos técnicos excelentes, buenos profesional sin nada que envidiar a los de los bancos y que no merecían que la intromisión política echara por tierra su trabajo. A pesar de todo nuestros políticos consiguieron lo imposible y hoy sólo quedan dos cajas de ahorros en toda España: la de Ontinyent y la de Pollença.

El resto sucumbió a manos de los gestores que eligieron los partidos. Estos gestores dilapidaron los recursos de las cajas, las saquearon y abandonaron sin asumir ninguna responsabilidad, y por el camino estafaron a sus clientes.

La historia de las Cajas demuestra mejor que ninguna otra hasta qué punto la política se ha salido de sus raíles en España. Es el mejor ejemplo de cómo los partidos han querido controlarlo todo pero sin que nadie les controle a ellos, sin límites, sin supervisión ni auditoría real (aunque sí nominal, para mantener las formas), sin transparencia. Y es el mejor ejemplo, también, de cómo sus desmanes acabamos pagándolos todos: a día de hoy llevamos gastados más de 61.000 millones en las Cajas, de los que 37.000 se dan ya por perdidos.

No olvidéis dar las gracias a PP y PSOE por este regalo votando a otros.

Cajas de ahorros_razones

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